jueves, 8 de mayo de 2008

Bacterias que viven de la Radiación

Ya que en el Post del otro dia hablamos un poco de Radiación, me parecio interezante esta nota


Viven bajo el suelo, no conocen el sol, son…. los extremófilos atómicos
de 

¿Verdad que parece la entradilla a una película de serie B de los años 50? Pues no, gracias a un trabajo de investigación en el que participaban las universidades de Princeton (véase nota de prensa) e Indiana, entre otras, aquella frase de “la vida siempre se abre camino” deja de ser solo una cita curiosa de Parque Jurásico, y se convierte en un hecho increíble. Estos investigadores descubrieron bacterias extremófilas enterradas bajo 3,2 kilómetros de suelo formado por rocas sólidas, allá donde el sol dador de vida nunca alcanza. La mayoría de las especies de seres vivos de la Tierra dependen de la energía del sol, pero en lugar de eso, estas bacterias encontraron otra fuente de energía: ¡la radiación!


Estos duros organismos poseen una biología única con un paladar muy refinado, consumen los subproductos de la desintegración radioactiva para sobrevivir. El uranio al decaer rompe moléculas de agua, recombinándolas en forma de peróxido (sustancia a la que tal vez conozcas con el nombre de lejía). Esta se combina con la pirita (oro del tonto) para liberar iones, de los cuales los metabolismos especializados de la célula extraen energía. Resumiendo: estos seres se asientan sobre el uranio, beben lejía y comen roca sólida, lo cual deja a cualquier “estómago de acero” humano a la altura del betún.

No te preocupes, los monstruos atómicas de las películas tipo Godzilla pueden haberte hecho pensar que esta clase de criaturas crecen de tamaño 50 veces inmediatamente, pero estas bacterias apenas crecen hasta alcanzar su tamaño regular. Sus procesos nucleares no son las fuentes de energía que suponen nuestros reactores, y estas bacterias subterráneas crecen y se dividen cientos de miles de veces más lentas que sus primas de la superficie, de hecho solo se dividen una vez cada trescientos años. Son una loa simple y pura al poder de la vida, a la habilidad de continuar viviendo agarrado a un figurativo clavo “atómico”, sin más razón que la de simplemente ser y existir. Piensa en ello la próxima vez que te sientas desgraciado.

El descubrimiento de esta clase de organismos tiene implicaciones muy profundas, más allá del simple asombro, por ejemplo en la búsqueda de vida extraterrestre, donde su mera existencia incrementa las posibilidades de localizar formas de vida en otros mundos, y nos recuerdan que no deberíamos asumir que la vida precisa de lo que nosotros precisamos. Y es que si la vida puede existir en una pila nuclear perpetuamente desinfectada, puede existir en cualquier parte.

Adaptado de un texto de Luke McKinney para Dailygalaxy

Fuente: National Science Foundation



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